ENTREVISTA | Victor Dryere, director de ‘1974’, mejor película Blood Window en Sitges 2016

‘1974’ fue una de las sorpresas de la 49ª edición de SITGES – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya. La ópera prima del mexicano Victor Dryere consiguió hacerse con el premio a la Mejor Película Blood Window, galardón que reconoce la mejor propuesta de género fantástico latinoamericana.

El film, un found footage rodado en 8mm, convierte al espectador en testigo directo de una serie de momentos íntimos de una pareja, desaparecida a mediados de los años setenta en México y cuyo horror podremos comprobar a través del conjunto de grabaciones recuperadas. Con una textura granulosa y una estética que nos transporta directamente al pasado, ‘1974’ se convierte en uno de los ejemplos más claros de que el cine de horror latinoamericano es uno de los que más fuerte viene pisando en los últimos años.

A raíz de su paso por Sitges, charlamos con Victor Dreyre acerca de su galardón y el realizador nos habla de sus inquietudes para con el cine fantástico, de las dificultades que hubo por rodar en 8mm y muchas cosas más.

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ATERRORÍZATE: Antes que nada, nos gustaría darte la enhorabuena por la película y por el galardón obtenido en SITGES – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya a la Mejor Película Blood Window. ¿Cómo asume uno el hecho de conseguir ser reconocido con su trabajo como el mejor dentro del creciente panorama latinoamericano de género?

VICTOR DRYERE: Gracias por las felicitaciones. Creo que es imposible definir a alguien como el mejor, aún cuando exista un premio de por medio. Desde mi perspectiva, no hay mejores ni peores… pero sí existen diferentes voces, cada una con algo que decir, cada una con algo único que aportar. Lo que sí me entusiasma del galardón, es el reconocimiento que se otorga a los creadores latinoamericanos en general. Un premio a mejor película latinoamericana, sea cual sea la ganadora, genera un impacto en el mundo cinematográfico, dicho impacto genera reacciones y éstas indudablemente abren puertas para que se sigan contando historias de terror en Latinoamérica.

Hablando de México, me parece extremadamente valioso que el extranjero reconozca el talento que hay aquí. Me gusta saber que los artistas, deportistas, músicos, empresarios, entre otros, podamos poner el nombre de nuestro país en alto. Es inspirador para todos los que vivimos aquí y, en cierta manera, esto genera un vínculo más fuerte entre nosotros los mexicanos.

A: Cuando parecía que el found footage ya había agotado todos sus cartuchos, llega ‘1974’ y aporta una nueva visión a esa forma de contar historias. ¿Cuál es tu relación con el cine de metraje encontrado? ¿La película fue concebida desde el primer momento para ser presentada con este formato?

VD: Con ‘1974’ quise hacer una fusión entre la narrativa del found footage y la ficción cinematográfica. Utilizando el nivel de realismo e intimidad que ofrece la narración en primera persona, pero incluyendo herramientas narrativas y estéticas que nos permiten explorar otros estados de percepción. Y sí, la película fue concebida desde el primer momento para ser filmada en este formato y, específicamente, en 8mm.

La idea vino cuando me topé con un proyector de 8mm que me habían regalado mis abuelos. Busqué cartuchos de 8mm y encontré la filmación original de la boda de mis padres. Al ver las imágenes proyectadas en la pared de mi cuarto, supe que había algo ahí para mí. Hay algo oscuro que guarda la imagen granulada y eso me movió fuertemente, llevándome a imaginar qué sucedería si encontrara rollos de 8mm en alguna casa abandonada… así nació ‘1974’. Esta película es una mezcla entre mis ganas de viajar al pasado, mis ganas de haber vivido en los setentas, mis ganas de conocer a mis padres de jóvenes y una fusión de creencias, temores, recuerdos y deseos de mi niñez, sobre todo mi deseo por explorar ese fondo oscuro que nos aterroriza, donde se encuentra el tesoro más preciado: lo que somos.

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Cinematográficamente, no quería contar una historia recreada en los setentas, quería contar una historia como si ésta hubiera sido realmente filmada por una pareja en 1974 en México, y hoy escaneáramos ese material fílmico que se mantuvo guardado por más de cuatro décadas. Por eso era fundamental filmar en 8mm y, por ende, cada elemento de la película tenía que ser original de la época.

De esta forma, el espectador podría viajar a través del tiempo —alejándose de lo que ve y vive en su cotidianidad—, para adentrarse en una atmósfera íntima y presenciar en primera persona la tensión y terror de lo desconocido.

A: El año 1974 fue clave para el género, pues es cuando se estrenaron varios títulos de culto (‘La matanza de Texas’, ‘Black Christmas’, ‘Phase IV’). El año y la textura final del film van en consonancia, pero ¿existe alguna otra razón (confesable) para la elección de dicha fecha?

VD: Hay dos respuestas – una romántica y la otra no. Hablando de la menos interesante, el sonido en las cámaras de 8mm salió al mercado en 1972, así que cualquier año después de éste funcionaría para contar la historia. Por otro lado… tenía que elegir una fecha para situar los acontecimientos, así que tuve una pequeña relación con cada año entre 1972 y 1979. Me di el tiempo de convivir con los números de cada año y de analizar lo que cada uno me hacía sentir. Por alguna razón, 1974 fue el año que más resonó conmigo; tanto, que decidí llamar así la película. Las películas que nombras me impactaron mucho de pequeño, especialmente ‘La matanza de Texas’. Así que aunque no tomé la decisión conscientemente, estoy seguro que estuvo fuertemente influida por muchas de las películas que se estrenaron durante ese año.

A: ¿Cuál es tu relación con el cine de género (terror, ciencia-ficción, etc.)?

VD: El horror es una fuerza que siempre me ha llamado, es ahí donde exorcizo y exploro la oscuridad que me habita. Desde que tengo uso de razón, las películas de género son las que más me han fascinado, primero porque eran prohibidas y no podía verlas. Después porque eran prohibidas y sí podía verlas, a escondidas. Después ya no eran prohibidas, así que podía verlas una y otra vez.

Y ahora, porque a través del cine de género puedo explorar esa oscuridad que habita en mí y hacer lo que no me permito hacer en la cotidianidad. El terror nos permite — como espectadores— enfrentarnos a situaciones y posibilidades que en la realidad evitamos. Nos permite cruzar límites y explorar territorios desconocidos, en la seguridad de una sala de cine, y que lo imposible sea posible: hace conocido lo desconocido. Es un campo fértil dentro de la cinematografía, en donde se le puede dar forma a los demonios internos, sin límites. Todo es posible en el cine de género y mientras más oscuro y desconocido sea el territorio a explorar, mayor será el impacto en la audiencia.

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A: En los últimos años, el género en Latinoamérica viene pisando fuerte, sobre todo desde México, que parece haber despertado del letargo en el que ha estado sumergido durante años y vuelve a poner sus producciones en el punto de mira internacional. ¿Cómo ves el recibimiento en el resto del mundo de vuestro cine? ¿Cuáles son tus referentes (tanto latinoamericanos como del resto del mundo)?

VD: El trabajo que han hecho grandes creadores mexicanos como Alfonso Cuarón, Alejandro G. Iñárritu y Guillermo del Toro, y el impacto que sus obras han tenido en el mundo, es la razón por la que hoy se producen cerca de 130 películas por año, cuando en el año 2000 la cantidad de producciones era de aproximadamente 30. Es un gran avance para México y se ha conseguido que se creen importantes estímulos fiscales, mismos que han fomentado la producción cinematográfica en el país. Por consiguiente, han surgido nuevos creadores que han brillado a nivel internacional, como Carlos Reygadas, Amat Escalante, entre otros. El éxito de los directores mencionados, ha puesto en la mira a México y, por ende, ha permitido que inversionistas, empresarios y productores alrededor del mundo decidan invertir en el cine mexicano. Gracias a ello, siguen y seguirán surgiendo nuevas generaciones de creadores en México.

A: Este año, la competencia en SITGES ha sido dura (por lo que a cine latinoamericano se refiere), y en concreto, las producciones mexicanas han puesto el listón muy alto y han marcado las líneas a seguir por los diferentes cineastas. ¿Qué te diferencia de otros directores como Amat Escalante, Emiliano Rocha o Daniel Castro Zimbrón?

VD: Coincido, éste fue un gran año en SITGES. Hubo grandes películas mexicanas, chilenas y argentinas. Y sí, en efecto, el listón ha quedado alto… me entusiasma saber qué producciones latinoamericanas veremos el próximo año en SITGES. ¿Qué me diferencia a mí? La respuesta corta es que yo soy yo. Tanto Amat, Emiliano, Daniel, como cualquier otro director de cualquier nacionalidad – somos únicos e irrepetibles. Nacimos bajo circunstancias diferentes y hemos tenido vivencias únicas. La mezcla de todo lo que hemos vivido, todo lo que hemos escuchado, visto, olido, contemplado e imaginado, cada decisión que hemos tomado, es lo que nos hace únicos. Cada creador, cuando es genuino y decide hablar con su propia voz, contará historias que sólo él puede contar.

En mi caso, mis creaciones vienen de una fuente inagotable que existe dentro de mí. Mis referencias no son otras películas, ni otros guiones, ni el estilo cinematográfico de moda, ni los temas que estén siendo más taquilleros en el momento –mis referencias vienen de mis propias curiosidades, de mis propios temores, de mis propios deseos y de los caminos que me interesa explorar. Normalmente hay algo que resuena en mí con mucha fuerza y ésa es la señal de que aquello debe de ser explorado. En ‘1974’, ese algo fueron las imágenes de 8mm que vi proyectadas.

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A: ¿Cómo fue el rodaje de ‘1974’? ¿Con cuanto presupuesto contasteis?

VD: Filmar en 8mm implicó muchos retos, las cámaras son extremadamente ruidosas, el grano es muy pesado —haciendo casi imposible la integración de efectos visuales sobre el material granulado—; los cartuchos tienen una duración efectiva de aproximadamente dos minutos. Por aquel entonces, las cámaras de 8mm no tenían salida para ver la imagen en un monitor, sumando que el tiempo y presupuesto eran muy cortos para filmar, mandar a revelar el material y utilizarlo como guía para ver el resultado de las tomas; todo esto aunado a que tampoco sabíamos cómo se vería el grano en la escala de una pantalla de cine. Fui con el fotógrafo a un lugar especializado en Los Ángeles, Pro 8mm, compramos la cámara que hacía menos ruido y la modificamos para cambiar la relación de aspecto de 4:3 a 16:9 para lograr el formato rectangular de las pantallas.

Cuando llegamos al set nos dimos cuenta que el ruido de la cámara era mucho peor de lo que creíamos, interfería excesivamente con el boom y el lavalier; corrimos las primeras pruebas de sonido directo por un programa de edición de audio y vimos que sería imposible eliminar del todo el ruido que generaba la cámara, pero decidí seguir con el rodaje. Como no tenía video assist —y sólo teníamos presupuesto para hacer tres tiros por toma—, usamos una cámara digital para definir el encuadre, el movimiento de cámara y la coreografía de los actores; una vez que todos los elementos estaban en su lugar, filmábamos con la cámara de 8mm.

Mi atención estaba en la sensación que me daban de los actores, todos en el set teníamos claro hacia dónde íbamos y confiaba plenamente en el fotógrafo, pero al no tener monitor, no sabía si realmente lo que yo estaba viendo y lo que habíamos ensayado se iba a ver igual en pantalla. Terminando el rodaje, fuimos a Los Ángeles a revelar el material y ahí me di cuenta que las distintas ASAS que habíamos utilizado daban una calidad de grano muy distinta entre cada toma, gran parte de la película tenía una aberración y se dibujaba una viñeta negra alrededor de algunas tomas.

También me di cuenta de que la lente, la distancia focal y la cantidad de luz que la cámara de 8mm capta, es completamente diferente a la cámara digital con la que habíamos hecho los ensayos; por lo tanto, me encontré con una película diferente a la que creí haber filmado. Esto me llevó a realizar tres re-shoots exhaustivos, hasta que tuve en mis manos la película que visualmente había buscado desde un inicio. Con respecto al sonido directo, muy pocas tomas funcionaron… la cámara emitía diferentes ruidos que por momentos se agudizaban y que además variaban dependiendo de la distancia con los actores, por lo cual nos vimos obligados a hacer ADR del 70% de la película. Fueron 3 años de postproducción para llegar a ver lo que es 1974… un material fílmico que quizá sí sucedió en los setentas.

A: Y por último, ¿qué le dirías a aquellos que aún a día de hoy menosprecian el cine de género latinoamericano creyendo que lo mejor proviene de Estados Unidos?

VD: Creo firmemente que es responsabilidad de nosotros, los creadores, quitar ese estigma de que el cine de género latinoamericano es menor al cine americano. Y lo lograremos en el momento en el que nuestras películas sean mejores. Las películas de USA son excelentes técnicamente, y el idioma facilita su distribución y aceptación alrededor del mundo. También cuentan con presupuestos más altos que los que tenemos aquí. Para que una película latinoamericana de género brille internacionalmente, tiene que ser excepcional. Tenemos que hacer películas únicas que conecten con la audiencia nacional e internacional, que no se parezcan a lo que ya existe. Nuestra fuerza está en la creatividad, en la originalidad y en la libertad que tenemos para lograrlo. Creo que es sólo cuestión de tiempo. Muy pronto aparecerá una película latinoamericana que romperá récords en taquilla a nivel mundial… es ahí cuando cambiará la percepción.

¡Muchas gracias por todo Victor, y hasta pronto!

1974

Aterrorizate

Cine de género para degenerados