Sitges 2016: Crítica de ’31’

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Muchas opiniones se han vertido en torno a ’31’, incluso antes de que llegase a la gran pantalla y tenemos que reconocer que acudimos al pase del Auditori con un poco de duda. Pero nada más empezar la cinta, todos nuestros miedos sobre lo que nos esperaba se disiparon y la disfrutamos más aún de lo que estábamos esperando. Rob Zombie ha hecho en ’31’ lo que le ha dado la gana y nosotros no podemos hacer otra cosa que darle las gracias.

Si nos hemos quejado de algo en este festival es de lo que han tardado en arrancar muchas de nuestras películas preferidas, algo que aquí no pasa. Desde el minuto uno, Zombie va al grano. Con un prólogo espectacular que nos introduce a Doom-Head, personaje destinado a convertirse en uno de los favoritos del terror moderno, Rob Zombie nos cuenta la historia de un grupo de artistas que, la noche del 31 de octubre, tienen la mala suerte de caer en un juego macabro en el que el objetivo es sobrevivir durante 12 horas. Sencillo, si, pero magistralmente elaborado con mucha violencia, mucho gore, y personajes muy carismáticos tanto del lado de los pshycos como en el lado de los aspirantes a superviviente, encabezados por una fantástica Sheri Moon Zombie que no se limita a ser una scream queen y saca su faceta más salvaje.

Directa y visceral, se nota que ’31’ es 100% Rob Zombie. Ya nos lo advirtió en la masterclass de la tarde: “si os gusta es culpa mía, si no os gusta también”. Mucha sangre y mucha locura sostenida en un montaje frenético y en un reparto más que a la altura entre los que se encuentran, a parte de su musa y esposa, Richard Brake dando vida a Doom-Head, una fantástica Meg Foster o Jeff Daniel Philips, al que ya pudimos ver en ‘The Lords of Salem’.

Lo mejor: Estar ante el Rob Zombie más auténtico.

Lo peor: Que la historia es básica.

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