‘La cura del bienestar’ | Fundando el gótico contemporáneo

“Todo era tan extraño y misterioso que me embargó un miedo espantoso, y no me atreví a hablar ni a moverme […] Seguimos ascendiendo […] De pronto me di cuenta de que el cochero estaba deteniendo los caballos en el patio de un inmenso castillo en ruinas”.

El citado pasaje corresponde a un fragmento del capítulo primero de ‘Drácula’, la novela de Bram Stoker, y en concreto al momento de la llegada de Jonathan Harker al castillo del conde. Tal símil podemos encontrarlo con el planteamiento de ‘La cura del bienestar’ y el momento en el que el personaje de Lockhart (Dane DeHaan) asciende hasta el balneario donde se desarrolla la trama del film, alzándose impasible en lo alto de los Alpes.

Para su décimo largometraje, Gore Verbinsky decide tomar una deriva en su carrera, regresando al género puro con el que deleitó en su visión de ‘The Ring (La señal)’, y trasladar gran parte de los elementos de la literatura gótica a la actualidad. Fusionando los discursos existencialistas y las teorías conspiranoicas al puro estilo del ‘Shutter Island‘ de Dennis Lehane, llevada al cine por Scorsese en 2010, cabe afrontar ‘La cura del bienestar’, cuyo guion viene firmado por Justin Haythe y el propio Verbinsky, como el título más ambicioso, a nivel personal, de la carrera del director. Y no solo por haber conseguido levantarla con un presupuesto de 40 millones de dólares, sino porque el film llega cual rara avis, pues bien podría formar parte de algunos de los ciclos a góticos de los que bebe directamente, ya sea el de la Universal o el de la Hammer.

El agua, cual panacea en infinidad de leyendas y mitos, se convierte en el río principal por el que deriva su historia, cuyo cimiento es el portento visual de su emplazamiento, el balneario en cuestión donde Lockhart acabará recluido a la fuerza, cual Jonathan Harker en la guarida del conde Drácula. Los ecos a los mitos lovecraftianos también resuenan en las habitaciones y pasillos del lugar donde el misterio, presentado a base de cuentagotas, se expande cual balsa de aceite sobre una superficie que Verbinsky decide dejar bien clara casi desde el momento en el que muestra todas sus cartas, pese a que el as en la manga que se guarda el realizador sea el del atrevimiento.

Y es que, como sucedía en los títulos de horror gótico de antaño, ‘La cura del bienestar’ tiene a su favor el hecho de tratarse de un film arriesgado, y el riesgo es algo que las producciones de terror de estudio (por no hablar de las que no son ni de género) de la actualidad, no están muy dispuestas a tomar. A lo largo de dos horas media, y estirando el misterio hasta límites insospechados (quizá, uno de los pocos desaciertos del film, aunque no estemos ante una de esas ocasiones en las que el espectador se pueda sentir engañado), el espectador podrá empatizar con Lockhart y su ardua tarea por desenmarañar el misterio en torno la realidad escondida que parece haber tras la política del balneario, con leyenda negra y cadáveres de por medio.

Son muchas las referencias que pueden venir a la mente durante su visionado, desde ‘El abominable Dr. Phibes‘ (Robert Fuest, 1971) a ‘Baron Blood‘ (Mario Bava, 1972), pasando por Edgar Allan Poe, el citado ‘Drácula’, ‘El fantasma de la ópera‘ de Leroux, o ‘El santuario del Diablo‘ de Marie Hermanson. Todas ellas, tan sutiles como evidentes, ayudando a conformar el cariz puramente gótico que merece ‘La cura del bienestar’, una delicatessen fílmica a la que deberíamos rendirle culto desde ya mismo. Porque con ella, esperemos, bien podría darse por inaugurado el terror gótico contemporáneo.

Lo mejor: La forma en la que Verbinsky pone su mirada en el escenario, y cómo se atreve a transgredir en su desenlace.

Lo peor: En su ambición, la historia peca de alargarse más de la cuenta en su tramo intermedio.

 

Javier Parra 

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