‘Ghost in the Shell’ | Adaptación sin alma

Las adaptaciones del manga a la gran pantalla siempre han sido un tema bastante peliagudo. Mientras que las producciones asiáticas tienden a pecar de un exceso de fidelidad, tanto estética como formal, el mercado norteamericano tiende a malinterpretar las obras en las que se basa. Han pasado ocho años desde ‘Dragonball: Evolution’ y es perfectamente comprensible que cada vez que una major anuncia que va a producir una superproducción basada en un popular manga sus seguidores se echen a temblar. Desgraciadamente, ‘Ghost in the Shell: El alma de la máquina’ no consigue darle la vuelta a ese prejuicio y aunque el resultado podría haber sido mucho peor, nos encontramos ante una oportunidad desaprovechada en muchos aspectos.

Basada en el manga de Masamune Shirow, ‘Ghost in the Shell: El alma de la máquina’ plantea un futuro cyberpunk en el que la unión del hombre con la máquina. Abundan las personas con implantes cibernéticos que mejoran su vida diaria, pero la Mayor Mira (Scarlett Johansson) es un caso especial. Responsable de liderar una unidad encubierta llamada Sección 9, encargada de acabar con amenazas terroristas, Mira es el único ser del mundo cuyo cuerpo es completamente artificial, a excepción de su cerebro. Atormentada por la incapacidad de recordar su pasado, Mira dará caza a un peligroso cyborg llamado Kuze (Michael Pitt), quien parece tener las respuestas a todas las preguntas sobre su vida anterior.

Rupert Sanders es el encargado de esta nueva adaptación del manga de Shirow, a pesar de que muchos de los referentes visuales que utiliza Sanders beben del largometraje animado de 1995 dirigido por Mamoru Oshii, todo un clásico contemporáneo de la animación japonesa y que ha inspirado a muchos autores posteriores (las hermanas Wachowski, por ejemplo). Sanders, curtido en el ámbito de la publicidad, sorprendió por su imaginario mostrado en ‘Blancanieves y la leyenda del cazador’ y aquí prácticamente se limita a cumplir en ese aspecto. Ghost in the Shell: El alma de la máquina’ goza de un apartado técnico impecable que sabe mantenerse fiel a la estética de Oshii y al mismo tiempo lucir espectacular sin caer en lo excesivo. Cabe destacar también es espléndido trabajo de Lorne Balfe y Clint Mansell en las partituras, ambos son dos compositores con una muy buen reputación y aquí nos regalan unos temas electrónicos muy destacables. La partitura de Kenji Kawai (compositor de la versión del 95) es todo un icono y por suerte Mansell y Balfe consiguen que no la lleguemos a echar de menos en ningún momento.

Como ya he comentado al inicio de este texto, ‘Ghost in the Shell: El alma de la máquina’ fracasa como adaptación y es complicado saber quién es el responsable de ello. Podemos ver, nada más arrancar la película, decisiones de guión bastante cuestionables que están claramente pensadas para que incluso el espectador más despistado no se pierda. No sólo arranca con un texto introductorio excesivamente largo, sino que pocos minutos después somos testigos de cómo la Dra. Ouelet (Juliette Binoche) y Cutter (Peter Ferdinando) exponen en un perezoso diálogo la tesis de la película. Es una escena que mata toda posibilidad de que el espectador descubra por sí mismo esa tesis o pueda llegar a sus propias conclusiones. A lo largo de la hora y tres cuartos que dura el film, aquel que conozca la versión de Mamoru Oshii podrá darse cuenta de que en cuanto la versión de Sanders intenta tomar un camino distinto, patina. Aunque Jamie Moss y William Wheeler aciertan en ciertas escenas más centradas en el desarrollo de personajes, como todo lo afín a la relación entre Mira y Batou (Pilou Asbæk), muchas otras escenas vinculadas con el pasado de nuestra protagonista no salen tan bien paradas debido a la constante sensación de déjà vu que provocan.

Queda bastante claro que el discurso de esta versión de 2017 es distinto al de la versión de 1995, aquí adquiere mucha importancia el pasado de la protagonista y de su identidad, al igual de la ausencia de una familia que la apoye. ‘Ghost in the Shell: El alma de la máquina’ pierde la oportunidad de recuperar el discurso que hacía tan interesante la obra de Mamoru Oshii y que tan bien hemos visto representada en otros films del mismo género como podría ser el caso de ‘Ex Machina’ (2014): el plantearnos qué nos hace humanos y si es nuestro cuerpo o nuestra mente lo que realmente importa en ese aspecto. La película juguetea con esa idea un par de veces a lo largo de la historia, pero todo se reduce a un par de frases anecdóticas en boca de la Dra. Ouelet.

Ghost in the Shell: El alma de la máquina’ pasa a engrosar la lista de películas que, no sólo no consiguen captar la esencia del material que adaptan, sino que simplifican tanto su argumento y su discurso que te dejan con la sensación de que no cuentan para nada con tu capacidad de comprensión como espectador, lo que da lugar a un guión poco exigente consigo mismo y con el público. Se queda a medio camino entre el remake literal de su versión animada de 1995 y la adaptación libre del manga sin llegar a decantarse totalmente por ninguna de las dos, dando como resultado una película de ciencia-ficción mediocre y rápidamente olvidable.

Lo mejor: El sobrecogedor diseño de producción y su atmosférica banda sonora.

Lo peor: Toma al espectador por tonto.

 

Imanol de Frutos

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