Adiós a George A. Romero

Cuarenta años de carrera dan para mucho, y eso es uno de los principales factores que sitúan la figura del legendario George A. Romero en el Olimpo de los grandes cineastas de la historia del cine, y no solo del de género.

Nacido el 4 de febrero de 1940 en el Bronx, Romero empezó a labrarse un hueco (siempre al margen de la industria) tras graduarse en la universidad. Su espíritu underground fue el que le llevó a fundar una productora junto a un pequeño reducido número de amigos, con la que en 1968 produjo su ópera prima. Corría 1968 cuando presentaba al mundo ‘La noche de los muertos vivientes‘, título de terror que reformulaba el arquetipo del zombi, despojándolo de la tradición haitiana del vudú que, hasta entonces, se había visto en pantalla, y construyendo un cliché que pasaría a ser eterno. Como buen representante de la contracultura, Romero no solo se atrevió a poner a un hombre afroamericano (Duane Jones) como protagonista de su ópera prima, sino que hizo una lectura socio-política de cada uno de los momentos que le tocó vivir a lo largo de toda su saga de los muertos vivientes.

Figura clave del cine de terror, su legado no solo debe ser entendido como el del “Padre del Zombi Moderno”, pues la suya es una de las trayectorias que más solventes dentro de un género que siempre formuló a su gusto, ganándose el título de Maestro del Terror junto a otros realizadores de su generación. De él bebieron otros coetáneos de la talla de Lucio Fulci, John Carpenter, David Cronenberg, a la vez que su nombre era asociado al de los grandes estandartes de la renovación del cine de terror norteamericano que tuvo lugar en la década de los setenta (Wes Craven, Tobe Hooper, Larry Cohen, William Lustig y el citado Carpenter, por nombrar algunos).

Su trabajo junto a otros profesionales del género le posicionó en el estatus en el que vivió parte de su carrera. Con Stephen King hizo ‘Creepshow‘ y ‘Creepshow 2‘ en los ochenta, además de adaptar la novela ‘La mitad oscura‘ en 1993. Junto a Dario Argento , compositor de ‘Zombi‘, presentó ‘Los ojos del Diablo‘, terrorífico díptico compuesto por dos adaptaciones de Edgar Allan Poe.

En 1972 se había reído de la burguesía en su acercamiento al cine de brujas con ‘La estación de la bruja‘; en 1973 inventó el cine de infectados tres décadas antes de la llegada de ‘28 días después‘ con ‘The Crazies‘; nos presentó a ‘Martin‘ en 1978, el súmum los vampiros existencialistas; coqueteó con el exploit en la muy reivindicable ‘Los caballeros de la moto‘ en 1981; mientras que en 1988 nos trajo una de las monster movies más malrolleras del cine de terror, ‘Atracción diabólica‘. En el 2000, jugueteó al giallo y el slasher con ‘El rostro de la venganza‘, y si algo estuvo siempre presente en su filmografía, eso fueron los muertos vivientes.

Criticando al capitalismo (‘Zombi’, 1978), el sistema militar (‘El día de los muertos‘, 1985), la globalización (‘La tierra de los muertos vivientes‘, 2005), el mass media (‘El diario de los muertos‘, 2007), o incluso abrazando el divertimento zombi porque sí (‘La resistencia de los muertos‘, 2009), su resucitado siempre volvió de la tumba representando un mal endémico de la sociedad, del que Romero siempre supo reírse con su habitual macabro sentido del humor.

romero

Quien esto escribe descubrió al cineasta siendo un crío, cuando un buen día se armó de valor para ver una de aquellas películas que todo el mundo consideraba como una de las mejores de cine de terror. Era ‘La noche de los muertos vivientes’, y sin llegar a decir que fue una película que me cambiase la vida, debo reconocer el impacto que generó en mi joven cerebro la situó como una de las intocables en mi lista de grandiosos títulos clave del horror.

Hace dos meses se anunció que una de sus últimas ideas iba a materializarse. Se trata de ‘George A. Romero Presents: Road of the Dead‘, título apocalíptico en la línea de ‘Mad Max‘ que tiene pensado dirigir Matt Birman. Ayer, 16 de julio de 2017, moría en Toronto el Padre de los Muertos, víctima de una breve y devastadora batalla contra el cáncer de pulmón, y lo hacía rodeado de todos sus seres queridos, escuchando la banda sonora de su película favorita, ‘El hombre tranquilo‘. Ejemplo de tesón y trabajador incansable, Romero se ha ido dejando un legado incomparable.

El cine hoy ha perdido a un gran director, pero ha ganado a una leyenda como pocas.

Gracias por todo, maestro.

Descansa En Paz.

Javier Parra

Aterrorizate

Cine de género para degenerados

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