Sitges 2017: Crítica de ‘Hagazussa’

Si en pleno siglo XV eres tachada de bruja por tus vecinos más cercanos, es lógico que tiendas a aislarte de todos los que te rodean. Y así lo hace Albrun, que después de la muerte de su madre se dedica a sus cabras y su bebé intentando no mezclarse mucho con los que la desprecian. Pero algo extraño parece acechar a la joven, algo de lo que no puede esconderse y que parece directamente relacionado con las prácticas bastante sospechosas de su progenitora.

En ‘Hagazussa’ volvemos al terror rural, en el que el entorno casi salvaje resulta tan hostil para nuestra protagonista como la sociedad en la que vive, atenazada por las antiguas creencias. Viendo el primer largo del alemán Lukas Feigelfeld no podemos evitar pensar un poco en ‘La bruja’ de Eggers, precisamente por recuperar la idea de la brujería más antigua: poniendo el foco directamente en sus orígenes: el bosque, la cabaña, las cabras… ‘Hagazussa’ es un cuento repleto de temores y creencias ancestrales. Todo parece evocar a un mal que impregna el ambiente por mucho que su protagonista intente ignorarlo. Y es que hay algo en Albrun que que empezará a aflorar a medida que las relaciones con sus vecinos se vuelvan más insoportables. La negación del poder que parece habitar dentro de ella no evitará que este se manifieste y las consecuencias serán terribles.

Recién llegado del mundo del cortometraje, Lukas Feigelfeld se lanza al largo con una cinta bastante arriesgada, cautivadora pero un poco pobre a nivel argumental. No busques violencia y sustos fáciles: el mal aquí lleva otro ritmo, pero aún así es capaz de remover ese miedo ancestral a lo desconocido que todos llevamos dentro.

Lo mejor: su tratamiento tan visual y sobrenatural del mal.

Lo peor: Su lentitud y sus pausas.

Aterrorizate

Cine de género para degenerados