‘Un lugar tranquilo’ | El sonido del silencio

‘Un lugar tranquilo’ | El sonido del silencio

Tal y como viene siendo habitual en la producción anual de cine de género, existen dos tendencias clave a la hora de comprender el éxito de los títulos que, de alguna forma u otra, calan hondo entre el binomio (a menudo, en constante discordia) entre público y crítica. Ya desde la década de los sesenta, el terror comercial y el independiente han estado jugando en lo que han parecido ser dos ligas diferenciadas que no han hecho más que enriquecer el género.

A los títulos de la Universal y la Hammer, se anteponían propuestas más radicales de la talla de ‘La mujer pantera’ (Jacques Tourneaur, 1942) o ‘El carnaval de las almas’ (Herk Harvey, 1962), tan solo por poner dos ejemplos de títulos de horror indie que acabaron convertidos en obras de culto que quedaron para la posteridad como grandes hitos del género. En la modernidad que supusieron los años setenta, cineastas de marcado carácter independiente de la talla de Romero, Hooper o Carpenter, establecieron lo que poco a poco iría convirtiéndose en una tónica a seguir: los grandes bombazos del cine de terror tenían alma indie. Para muestra, solo cabe echar la vista atrás y recordar films como ‘Los viajeros de la noche’ (Kathryn Bigelow, 1987), ‘El proyecto de la bruja de Blair’ (Eduardo Sanchez & Daniel Myrick, 1999), ‘La casa de los 1000 cadáveres’ (Rob Zombie, 2003), ‘La casa del Diablo’ (Ti West, 2009) o las más recientes ‘It follows’ (David Robert Mitchell, 2014) o ‘Déjame salir’ (Jordan Peele, 2017). La lista podría llegar a ser mucho más larga, pero la finalidad de las citas tan solo viene a colación para demostrar que, cada año, la gran mayoría de los títulos de terror que más titulares acaban copando y acaban convertidos en las sensaciones del año, no nacen en los pertinentes circuitos de festivales de cine fantástico y derivados, sino que vienen de las cunas del cine independiente y de autor.

Estrenada en el South by Southwest de Austin, John Krasinski firma su tercer largometraje como director y se adentra por primera vez en su filmografía en el cine de puro género. Evidentemente, y lejos del horror mainstream que tantas alegrías nos ha dado, Krasinski no solo se preocupa en mostrarnos lo que bien podría ser el último grito en terror (en total consonancia con el argumento y máxima de ‘Un lugar tranquilo’), sino que ha conseguido calar hondo gracias a una premisa que parte de algo que a priori podría alejarse lo que muchos podrían comprender como premisa básica para un título de género.

En un indeterminado futuro postapocalíptico, una familia trata de sobrevivir al asedio por parte de unas extrañas criaturas que, con su llegada al planeta, han logrado diezmar a la población. Guiadas por el sonido, la única forma de sobrevivir es viviendo en un absoluto silencio. Ahí es donde radica la originalidad de ‘Un lugar tranquilo’, donde la modulación de la tensión y el suspense acaban girando en torno a un magistral uso del sonido (o del no-sonido), siendo así una propuesta que muchos podrían considerar como radical, vista su llegada a salas comerciales.

Aquí es donde nos encontramos con la otra cara de una misma moneda de ‘Un lugar tranquilo’, y es que pese a que podríamos considerar que estamos ante una propuesta indie, no hay que olvidar que detrás de ella nos encontramos con la productora del propio Michael Bay, lo que nos hace comprender que pese al marcado espíritu transgresor y alejado de los cánones establecidos del cine de terror actual, no pueden faltar los pertinentes (e innecesarios) jumpscares a golpe de sonido, o incluso la composición de una banda sonora que firma Marco Beltrami. No pocos serán los que se pregunten que en qué tendencia queda mejor situada ‘Un lugar tranquilo’. ¿Es un ejemplo más de terror comercial cuya propuesta consigue hacer que se desmarque del resto? ¿O estamos ante un producto puramente indie al que las condiciones de la productora le han marcado ciertos patrones a seguir?

Por imaginar, solo queda el hecho de pensar cuál habría sido el resultado de la película si, para hacer sentir al espectador partícipe del agobio que puede suponer una vida en silencio absoluto, ‘Un lugar tranquilo’ podría haberse convertido en la propuesta radical que muchos han descrito si en ella no nos encontrásemos con ninguna otra pista de audio que no fuera la de las acciones vistas en pantalla, sin ningún tipo de acompañamiento musical en algunas de sus secuencias.

Sin duda, si algo consigue Krasinski es en dotar de carga dramática al film, que no acaba siendo otra cosa que un drama familiar que nos habla de redención y culpa, aunque se vista de espíritu de supervivencia y nos regale, en un genuino clímax alargado durante unos extenuantes cuarenta minutos (que acabarán por agotar la paciencia de los más débiles -en el buen sentido de la expresión-), varios despuntes hacia una deliciosa serie B. Porque no olvidemos que más allá de un drama familiar postapocalíptico, ‘Un lugar tranquilo’ es una película de monstruos que no se corta un pelo en poner toda la carne en el asador desde su estremecedora secuencia de inicio, la cual marca la tónica a seguir de un argumento que irá in crescendo, transformándose en un survival en toda regla donde el uso del silencio acabará sentando cátedra, del mismo modo en el que la oscuridad se convertía en el principal aliado de las protagonistas en otro drama de superación que vestía ‘The Descent’ (Neil Marshall, 2004), otro de los grandes títulos de monstruos de los últimos años.

Javier Parra

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